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Ermita del Cristo de Cabrera

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Senderismo / Trekking / Ascensión

Tipo de itinerario: Sólo ida
Dificultad: Fácil
Tiempo aprox. al completar la ruta: 40 Minutos
Distancia recorrida: 3 Kilometros
Desnivel acumulado: 20 metros

Casas rurales en Campo Charro


Descripción de la ruta
Inicio de la ruta: Las Veguillas | Final: Cristo de Cabrera

ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA

Existe una sola realidad sobre la que nadie puede dudar: la misma imagen del Cristo de Cabrera, crucificado en esa dehesa de Las Veguillas, custodiado por encinas y robles, también descalzos como las Carmelitas que se adosaron a su diestro costado para ofrecerle su devota compañía. Lo demás, como tantas veces, se pierde entre la historia y la leyenda.

Cuenta la leyenda que junto a la Sierra de Dueña, entre encinas y robles, entre ganado bravo, cercas y charcas, un pastor encontró en el hueco de una encina la imagen de un Cristo (no estaría de más, por su interés botánico, encontrar tal ejemplar de encina capaz de albergar en un “hueco de su tronco” semejante estatua). Lo dicho: que la talla era de tal proporción que el pastorcillo no pudo sacarla, por lo que decidió llamar a unos labradores de la zona para poder transportarla hasta Llen (este lugar, hoy día anejo al término municipal de Las Veguillas, era antaño principal núcleo de población de la zona incluso con un palacio).

Tras ser colocada en un carro con bueyes, al pasar por la dehesa de Cabrera, los animales se detuvieron en seco. No pudieron avanzar más. Cual pesados berruecos, los animales de carga permanecían “misteriosamente” anclados a la tierra a pesar de los incansables esfuerzos de los campesinos por moverlos. Hastiados de baldíos intentos, la fatiga despejó sus mentes para comprender que el Cristo no deseaba otra cosa que permanecer allí por el resto de la eternidad. Así surgió la ermita de Cabrera para rendirle culto.

La historia la difundieron el cierzo y el sur como un reguero de pólvora. Tal es así que durante décadas un ermitaño permaneció junto al santuario, recibiendo limosnas de hasta 180 reales, una vivienda que a la vez era hospedería de peregrinos que, intrigados por la milagrosa imagen, acudían en masa sin cesar. Su fama trascendió fronteras y el Cristo de Cabrera comenzó a recibir innumerables visitas en busca de una ayuda celestial para aquellos problemas a los que el hombre no halla solución en la racionalidad terrenal. Miles de personas buscaban amparo en esta majestuosa talla de vastas proporciones y algunos deseos debieron ser concedidos porque el flujo de peregrinos se multiplicaba cual panes y peces, igual que las alhajas que en ofrenda se depositaban a sus pies. Las romerías eran cada vez más tumultuosas, con celebración de capeas de toros en la plaza cercana a la ermita, llegando en el siglo XVIII a un total de 138 toros, 51 novillos, ocho vacas y una novilla.

El Cristo de Cabrera ha tenido oportunidades de sobra para demostrar su querencia por el prado de Las Veguillas. Durante la Guerra de la Independencia los franceses saquearon el lugar en su huida despavorida tras la Batalla de Los Arapiles en octubre de 1812. Varios grupos de soldados napoleónicos robaron provisiones y dinero de la iglesia de Las Veguillas, y lo mismo hicieron en Cabrera, de donde se llevaron sesenta reales y treinta maravedíes. Tal exactitud monetaria no deja atisbo a la duda de que lo que ocurrió aquellos días fue tan verdad como cualquier otra: los franceses, cuando se marchaban con el botín, repararon en el Cristo, que los espiaba, seguramente con su mirada románica pero recriminatoria. Imponente. Cuentan los más viejos del lugar que los soldados intentaron quemar la talla una y mil veces, pero la madera no ardió. La prendieron de todas las maneras posibles. Pero nada. La llama se apagaba al instante. Asombrados y atemorizados, los franceses corrieron como alma que lleva el diablo y no regresaron jamás. Eso sí, con sus sesenta reales y treinta maravedíes en las talegas.

Todavía hoy se pueden apreciar las huellas de tamaña tropelía en los pies negros de la imagen

La ermita, una pequeña y sencilla construcción encalada en blanco, quedó asolada. Pero dos años después, en 1814, se recompuso, una obra que costó más de 3.500 reales; se retomaron los acontecimientos taurinos y la romería del Cristo de Cabrera se transformó en lo que hoy es una de las manifestaciones religiosas más importantes de la provincia.

Más de un siglo después, en plena Guerra Civil, se intentó dar traslado a la imagen pero las ruedas de los carros, como antaño, se hundían en la tierra y los bueyes se negaban a caminar.

Según la creencia popular el Cristo de Cabrera nunca pudo ser sacado de los alrededores del santuario; los mayores, aún hoy, narran a la fresca la tozudez de los bueyes contra las malas intenciones de los hombres. Aún así la iglesia y su entorno no existirían hoy como tales de no ser por la devoción popular y el tesón de los fieles al Cristo que en ella se venera.

LA ROMERÍA

El lugar, normalmente solitario y que invita al visitante al recogimiento, se transmuta los días alrededor 18 de junio, fiesta grande de Cabrera: romeros procedentes de toda la provincia y más allá (se ha estimado en hasta 20.000 visitantes) que además de ofrecer sus respetos y devoción al Cristo Crucificado, pueden hacer acopio de manjares en los puestos de almendras garrapiñadas, cerezas, dulces y también dar pábulo a la fiesta general al son de los tamborileros charros.

Bajo las encinas y los robles, las diversas familias y grupos de amigos instalan sus mesas y sus sillas al suave fresco de los árboles para, al finalizar los actos religiosos, dar buena cuenta de las viandas. Muchos de ellos aprovechan las frescas horas de la noche para llegar andando hasta la Ermita, y es muy frecuente encontrárselos en el arcén de las carreteras cercanas.

Las peregrinaciones se suceden a lo largo del año, pero según se acerca la fecha de la festividad, los grupos son cada día más numerosos, hasta llegar a la noche del 17 de junio, momento en que la Diócesis de Salamanca organiza una peregrinación multitudinaria.

El día 18 se celebra una misa por la mañana (con sermón a cargo de un gran orador) para llegar a uno de los momentos más emocionantes de la romería, cuando el gigantesco Cristo abandona el templo para procesionar.

A pesar de dos capillitas laterales la ermita es muy pequeña para albergar al gentío deseoso de celebrar el día del Cristo que siempre espera en Cabrera.

LA COFRADÍA

La veneración a este Cristo tiene su origen en el siglo XVII, fecha en que comienzan a encontrarse escritos que dan cuenta de esta devoción. Ya desde 1714 empiezan a contabilizarse testamentos de fieles forasteros que dejan donativos para que se les digan misas ante el Santo Cristo. La fiesta principal, la romería del Cristo de Cabrera, desde el siglo XVIII, tiene lugar el mencionado 18 de junio, sin saber el motivo.

La Cofradía del Santo “Cristo de Cabrera” se constituyó formalmente el 26 de marzo de 1991, si bien, su andadura comenzó muchos años atrás, a pesar de no existir referencia concreta sobre el origen de la misma. Tiene por finalidad el fomento de la vida apostólica entre sus miembros, promoviendo el culto al Santo Cristo de Cabrera, conservando el espíritu cristiano en los actos de fraternidad que se realicen, conforme a la tradición, y en general, permitir y favorecer la convivencia y el culto en las reuniones de los miembros que la componen, en franca armonía con la Diócesis, destinando los recursos que se obtengan al cumplimiento y desarrollo de estos fines y a la realización de obras piadosas o de caridad.

La romería o fiesta grande en honor al Cristo, multitudinaria en cuanto a peregrinos, se celebra el día 18 de junio, aunque no sea éste el día propio de la Cofradía. Es, en cambio, cada 3 de mayo (fiesta de la Santa Cruz), la fecha de reunión de los hermanos cofrades, conmemoración que tradicionalmente se ha denominado “Cabrera la Chica”. Desde hace unos años, ante la imposibilidad de fieles para acudir, se celebra una segunda fiesta de cofrades, que coincide con el tercer domingo del mes de agosto.

LAS CARMELITAS DESCALZAS

Junto a la Ermita del Cristo de Cabrera se encuentra el Convento de Clausura de las Reverendas Madres Carmelitas, guardianes de la imagen, bajo la atenta mirada de su Santa fundadora, la Madre Maravillas de Jesús, recientemente canonizada.

Material necesario
Buen calzado y en el verano gorra o sombrero.
¿Dónde se encuentra?
Veguillas, Las (Veguillas, Las)