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Quien ve el cielo en el agua, ve peces en los árboles. - Proverbio Chino
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Espańa / Cuenca / Zancara / Senda de Segóbriga

Senda de Segóbriga
Información General Fotos Cómo llegar Opiniones
Saelices - 629 75 22 57
Senderismo
Duracion : 4 h.
Longitud : 14 km.
Inicio : Segóbriga
Final : Fortaleza del Castillejo
Dificultad : Facil
Desnivel : 200 m.
Telefono de información : 629 75 22 57
Página Web : Información Web
Alojamientos en la Zona:
Casas Rurales en Zancara

Descripción:
El personal del Centro de Interpretación del Parque Arqueológico de Segóbriga (tel.: 629 75 22 57) nos ayudará a resolver cualquier duda sobre esta ruta. El horario de visita al centro y al yacimiento es el siguiente: del 15 de abril al 15 de septiembre, de 9.00 a 21.00; del 16 de septiembre al 14 de abril, de 10.00 a 18.00. El recinto permanece cerrado los lunes, excepto festivos. Hay que pagar entrada. No hay fuentes

Un teatro capaz para 2.000 personas, un estadio para 5.500, dos gimnasios con sauna, una plaza mayor alicatada como si fuera el Banco de España... Éstas son cosas que hoy difícilmente se hallarán en ninguna población del entorno de Madrid. Y no digamos ya en la vecina Cuenca, donde sólo dos –la capital y Tarancón– tendrían público suficiente para completar tamaños aforos; cualquier otra debería reclutar más extras que el 'casting' de 'Ben-Hur'. Pues bien: todo eso había en Segóbriga, a tres kilómetros de la actual aldea de Saelices, sobre un cerro abrazado por el Cigüela, en medio del campo sin límites, y hoy sin gente, de la Mancha conquense.

Segóbriga, que ahora yace arruinada en mitad de ninguna parte, fue, según Plinio, “cabeza de la Celtiberia”, y según los arqueólogos, la ciudad romana más boyante de la meseta meridional. Surgida al arrimo de un importante cruce de caminos –calzadas Toledo-Sigüenza y Cartagena-Alcalá–, su estrella no declinó con la de Roma, antes aumentó su población y llegó a ser sede episcopal en época visigoda. Fue la invasión árabe, con el lógico auge de plazas más fuertes y guerreras, la que marcó el principio del fin de esta pacífica urbe donde, a juzgar por los restos, debía de ser muy divertido vivir. Más que ahora en Saelices, donde no hay ni un cine, desde luego.

Que en Segóbriga no se vivía mal lo prueba la lápida de un ciudadano que llegó a los 85 años y que puede verse (la lápida, no el vejete) en el Centro de Interpretación del Parque Arqueológico de Segóbriga. También veremos bustos de emperadores, esculturas togadas y objetos más manejables como monedas acuñadas en la ceca local, vasijas de vidrio, finas cerámicas, cubiertos e incluso instrumentos quirúrgicos, señal de que se cuidaban. Y ya fuera, a espaldas del centro, veremos un panel que informa sobre la senda de la ciudad romana de Segóbriga, la cual vamos a seguir hoy remontando el valle del río Cigüela a lo largo de siete kilómetros.

Guiarán nuestros primeros pasos los restos de la necrópolis y la basílica visigoda. Luego, el teatro y el anfiteatro, que fueron construidos en el siglo I d. C. aprovechando la roca y el declive del terreno. Más arriba, la muralla, de 1.300 metros de longitud; la basílica o tribunal de justicia; la curia o ayuntamiento; el templo donde se veneraba a los emperadores deificados y el foro enlosado con todo lujo gracias a la largueza de un tal Proculus Spantamicus. Así, hasta llegar a la cima del cerro y de la buena vida: las termas monumentales, con su amplia palestra, su sauna y sus piscinas climatizadas.

Junto a las termas se erige una ermita, por detrás de la cual bajaremos atrochando por la pina umbría del cerro en dirección a una blanca casa de labor. Tras franquear el cierre metálico que delimita el yacimiento, rebasaremos dicha casa y cruzaremos el Cigüela por un puente de piedra, doblando enseguida a la izquierda para avanzar río arriba por un camino herboso que corre entre los sembrados y el encinar de la ladera. Jalonan esta senda señales de pintura blanca y amarilla y paneles didácticos. El primero versa sobre el bosque mediterráneo, que aquí se presenta virginal, ideal para alzar un templo en honor de Diana cazadora, como en su día lo hubo.

Como a una hora del inicio, saldremos a la carretera de Almonacid y cruzaremos con ella el Cigüela para continuar aguas arriba por una buena pista de tierra. En este tramo, el más espectacular, el río nos acompañará por el fondo de un precioso cañón de roca caliza, culebreando entre viejos molinos y choperas, hasta llegar al letrero de final de senda, al pie de la ruinosa fortaleza del Castillejo. En total, dos horas.

La vuelta podremos hacerla por donde vinimos o, mejor aún, siguiendo la pista que aparece aquí señalizada con un letrero hacia Saelices y luego un corto trecho de carretera hasta el yacimiento arqueológico. En cualquier caso, son otros siete kilómetros y otras dos horas. Todos los caminos llevan a Segóbriga, como a Roma.

 
 






 
 
 
 
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