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¿Una oportunidad de negocio o un peligro para el paisaje y el estilo de vida de la Garrotxa? A un lado, los partidarios del flamante túnel de Bracons, que ven en él no solo una excelente vía de comunicación, sino el necesario trampolín para el desarrollo económico de la zona. Al otro, los escépticos, quienes consideran que la nueva infraestructura puede acarrear consecuencias perjudiciales para la idiosincrasia de la comarca. En el medio, como punto coincidente, el temor a que el eje Vic-Olot conlleve un futuro similar "al que supuso el túnel del Cadí" para la Cerdanya. Todos rechazan "el aumento descontrolado de las urbanizaciones, la masificación turística y la alocada destrucción de terrenos rurales".
Barcelona se ha situado de golpe a una hora y cuarto de Olot. El tiempo perfecto para abonar con mayor ímpetu la tentación de la segunda residencia y del destino de fin de semana. Queda por ver el comportamiento que adopten los "pixapins", los de "Can Fanga" o los "camacos" y la permisividad que tengan ante ellos y ante la especulación empresarial las distintas administraciones.
"Afortunadamente, la crisis eco-
nómica actual y el estallido de la burbuja inmobiliaria han frenado el urbanismo desmesurado --asegura Raül Valls, portavoz de la plataforma Salvem les Valls--. Sin embargo, eso no quiere decir que dentro de 10 o 15 años vuelva la fiebre de la construcción. Por ese motivo, nosotros estaremos atentos ante cualquier posible cambio de los usos del suelo, especialmente en La Vall d'en Bas".
"CASAS DE CARTÓN-PIEDRA"
Precisamente, en La Vall d'en Bas es donde los escépticos con Bracons encuentran el primer ejemplo de lo que no quieren que suceda. Se trata de la urbanización de Can Trona. "Allí se han construido una treintena de viviendas que intentan imitar la típica casa de la Garrotxa pero que parecen de cartón-piedra. Eso representa el modelo de crecimiento que no queremos", critica el portavoz de Salvem les Valls. "Al lado de una carretera aparecen gasolineras, hoteles, urbanizaciones y todo tipo de establecimientos que llevan a la aparición de otros. El caso más paradigmático es el túnel del Cadí en la Cerdanya", alerta.
¿Estamos hablando del miedo a una nueva Marina d'Or o un Gran Scala Los Monegros? No. No es cuestión de que todos los árboles se cambien por farolas y de que toda la tierra se convierta en asfalto. "Lo que pasa es que construir 30 casas en la Garrotxa tiene el mismo impacto que edificar 1.000 viviendas en Barcelona", reflexiona Valls, quien advierte de que las modificaciones urbanísticas podrían revolucionar también las relaciones sociales. "Y no lo decimos por un afán de mantener como en un museo estos estilos de vida. Vista la quiebra del sistema socieconómico actual, quizá sea el que ahora se tiene en la Garrotxa el que deba recuperarse".
DINÁMICA IMPARABLE
Como Valls, el coordinador del sindicato Unió de Pagesos en esta comarca, Lluís Sunyer, insiste en el valor de las tierras que atraviesa (y atravesará) el túnel de Bracons. "Los de La Vall d'en Bas son los terrenos más fértiles de la Garrotxa. Y si ya están afectados, en un tiempo aún estarán peor".
"La crisis económica actual es un tapón, pero la inercia constructora y especulativa son imparables", añade Sunyer. "Sabemos de la experiencia de otras comarcas. El sector agrario siempre es el primer sacrificado por estas infraestructuras. Además, para nosotros, la plana de Vic ya está integrada en el área metropolitana de Barcelona y ahora ese fenómeno nos llega aquí. Aumentarán los visitantes y eso hará que algunos empresarios, sin pensar en que están matando la gallina de los huevos de oro, que es nuestra tranquilidad y nuestro paisaje, intenten multiplicar la oferta, porque con lo que hay ahora no pueden cubrir tanta demanda", se queja este agricultor.
UNA DOCENA DE HOTELES
Este último apunte de Sunyer guarda ciertas similitudes con lo que expresan los dueños de algunos negocios de Olot, Joanetes y La Vall de'n Bas. "El eje Vic-Olot no ha sido flor de un día. Sin embargo, no nos hemos preparado lo suficiente para poder absorber la cantidad de turistas que pueden llegar", se queja un empresario. "Los comercios no se han espabilado lo suficiente", espeta otro.
Aparte de los restaurantes --que el fin de semana pasado ya quedaron desbordados-- y de las actividades de tiempo libre, es en el aspecto del alojamiento donde surgen las mayores incertidumbres. En toda la Garrotxa hay 12 hoteles (ninguno de ellos con más de 100 habitaciones), a los que hay que sumar los dos centenares de casas rurales, lo que arroja un saldo total que no llega a 4.000 camas. ¿Se trata de una cifra suficiente? Lo dirá el comportamiento de los visitantes, muchos de los cuales podrían decidir viajar solo a Olot para comer y volver a casa por la tarde.
"ESTAMOS PREPARADOS"
El presidente de la Associació d'Hostalatge de la Garrotxa y vicepresidente de Turisme de la Garrotxa, Gerard Xifra, rebate todas estas dudas. "Tenemos los mecanismos necesarios para cubrir la demanda. El túnel de Bracons ha acabado con la fama que teníamos de ser una comarca cerrada. Nos ha puesto en la primera fila del mapa turístico, pero estamos preparados para afrontarlo", afirma, para recordar después la defensa medioambiental que se ejerce desde las entidades que representa. "Tanto el sector público como el privado nos basamos en la Carta Europea de Turismo Sostenible. Conservar el territorio y apoyar al sector primario es clave para que todos salgamos ganando. Si convertimos esto en una nueva Cerdanya, perderemos nuestro fet diferencial", remacha.
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