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El frío invierno endurece la lucha de los pueblos por la supervivencia
Ni un alma, ni ruido, ni coches. Sólo silencio y humo en las chimeneas · Los pequeños pueblos del interior y norte de la provincia, en La Alpujarra y Filabres, pasan enero en soledad
La lucha por la supervivencia, por no desaparecer del mapa de la provincia, se ha endurecido en los últimos años en una decena de municipios del norte e interior y más aún en los fríos meses del invierno. Los ocho pueblos más pequeños, los que no llegan ni a los 200 habitantes, contabilizan al año más muertes que recién nacidos y cada vez es más difícil crear empleo para frenar el goteo incesante de jóvenes hacia los grandes núcleos del litoral. "Nos estamos quedando sin vecinos". Es el SOS que lanza el alcalde de Alsodux, un municipio de apenas 155 habitantes que se encuentra a solo 22 kilómetros de la capital. En diciembre y enero es misión imposible encontrar niños en sus calles porque no hay ni un alma, ni ruido, ni coches, sólo el humo que sale de las chimeneas y las puertas cerradas a cal y canto. "Llevamos años haciendo todo lo posible y más para no perder más habitantes, pero la tendencia al despoblamiento es inevitable". Es la afirmación de Manuel Jesús Cantón, alcalde de Alicún, un municipio de poco más de 250 vecinos situado a 25 kilómetros de Almería. "En invierno baja la población, sólo hay vida en las calles cuando llegan los fines de semana".
Pueblos de la provincia como Alcudia de Monteagud, Alicún, Almócita, Alsodux, Bayárcal, Bayarque, Beires, Benitagla, Castro de Filabres, Benizalón, Bentarique, Cóbdar, Laroya, Olula de Castro, Santa Cruz de Marchena, Suflí y Turrillas no alcanzan los 300 vecinos en la revisión de su último censo. Reciben con los brazos abiertos a los jubilados que en su día emigraron en busca de trabajo, a los inmigrantes que hasta antes de la crisis se querían afincar en nuestra tierra y a los domingueros que con sus visitas en fines de semana dejan algo de riqueza a los negocios locales.
Los alcaldes, de distinto signo político pero con unos intereses comunes, ya son conscientes del envejecimiento de sus vecinos y miran esperanzados desde hace años al turismo rural como una de las salidas al despoblamiento real de sus municipios. Los bares, restaurantes, hoteles, refugios y casas rurales son los proyectos en los que vienen trabajando con el objetivo de crear empleo para que no se marchen los jóvenes. Y es que por no haber, no tienen ni paro, solo vecinos de la tercera edad que en los duros meses del invierno se marchan a las casas de sus hijos a grandes ciudades. "Cuando bajan las temperaturas, con el frío y la nieve, los vecinos se van a Almería y no vuelven hasta bien entrado marzo". Es la reflexión del alcalde del pueblo más pequeños de la provincia (Benitagla con 88 habitantes), Juan Padilla.
En unas jornadas del Instituto de Estudios Almerienses, David Uclés, director del Servicio de Estudios de la Fundación Cajamar, subrayó que "a lo mejor resulta que el despoblamiento no es una tragedia". En este sentido, señaló que "no es algo alarmante porque se veía venir desde hace más de setenta años". Uclés considera que "a lo mejor el éxito es que esos pueblos han ganado calidad de vida para sus vecinos, ¿por qué entonces vienen a vivir en ellos los europeos?". Los alcaldes no son tan optimistas. "Las cosas no pintan bien", asegura el de Beires. Enlace Web20-01-2010 - Escrito por:
espaciorural (ADMINISTRADOR)
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